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¿Por qué no razonamos?

«SIEMPRE HEMOS SIDO CAPACES DE RAZONAR, LA PREGUNTA ES POR QUÉ NO SIEMPRE LO APLICAMOS» ⏳🧠😷
-Conversación, entre Moisés Naim a Steven Pinker –
¿Por qué nuestra sociedad, que posee las cotas de comprensión científica y bienestar social más altas de la historia, parece estar enloqueciendo?
En esta entrevista, el psicólogo Steven Pinker –uno de los mayores defensores de la herencia de la Ilustración– analiza el complejo funcionamiento que implica razonar. A raíz de su último ensayo, ‘Racionalidad’ (Paidós), el profesor de Harvard reflexiona sobre el éxito de las teorías pseudocientíficas y de la conspiración.
Al comienzo de tu libro ‘Racionalidad’ (2021) hablas de los pueblos Sans, que viven en el desierto de Kalahari, el cual se extiende por Botsuana y Namibia. ¿Por qué te llamaron la atención?
Porque son cazadores-recolectores que viven en las condiciones más inclementes del mundo. Los escogí porque nos dan una idea del estilo de vida desde el que evolucionó nuestra especie. En general, los cazadores-recolectores son bastante racionales, ya que dependen de animales como los antílopes (que son mucho más rápidos que ellos), a los que solo pueden perseguir y acorralar a través del rastreo. Esto quiere decir que utilizan las huellas del animal como una pista, como una evidencia científica para comprobar sus hipótesis sobre qué tipo de animal es, así como cuál es su sexo y su condición y hacia dónde es probable que se desplace. Para ello utilizan todas las herramientas del razonamiento que discuto en el libro, como, por ejemplo, el pensamiento crítico. Saben que no deben confiar en su primer instinto, sino que deben dar un paso atrás y razonar como un grupo. Evitan el argumento de autoridad, lo que significa que, si un miembro mayor del grupo cree que el animal que están persiguiendo es un kudú, debe convencer al grupo con argumentos persuasivos, ya que los demás no aceptarán lo que él dice por el mero hecho de que es mayor. Además, son capaces de hacer distinciones lógicas: por ejemplo, saben que, si el suelo no es lo suficientemente blando, un animal de tres dedos podría dejar una huella de solo dos dedos. Por lo tanto, reconocen que una huella de dos dedos no necesariamente pertenece a un animal de dos dedos. También evitan la falacia, que se conoce como la afirmación del consecuente: si una huella puede proceder de dos tipos de animales diferentes, concluyen que pertenece al animal que predomina en el entorno. Así que, cuando hablamos de la irracionalidad que percibimos a nuestro alrededor actualmente, no podemos culpar a nuestros ancestros. Siempre hemos sido capaces de razonar; la pregunta es por qué no siempre lo aplicamos en las circunstancias actuales.
¿Se puede aprender a ser racional?
Se puede mejorar. Y esa es una de las cosas a las que aspiro con Racionalidad. No es fácil, pero podemos aprender a evitar ciertos errores de razonamiento aprovechando las fórmulas y las herramientas que tienen nuestros mejores científicos y matemáticos. Creo que las herramientas de razonamiento, incluyendo la teoría de la probabilidad, la lógica y la teoría de la correlación en contraposición a la causalidad, deberían formar parte del currículo. La pregunta inevitable es: ¿qué puede eliminarse del plan de estudios para poder incluirlas? Y mi respuesta es la trigonometría. No tengo nada en su contra, pero quizá deberíamos actualizar un currículo heredado de la época medieval y optar por las ramas de las matemáticas que ahora son más importantes. El motivo por el que creo que las herramientas del razonamiento merecen prioridad en el currículo es porque, al igual que la lectura y la escritura, son fundamentales para todo lo demás. No se puede entender realmente la política, la historia ni los estudios sociales y cívicos sin evitar los fallos de razonamiento.
Argumentas que los medios de comunicación deben hacer un esfuerzo mucho mayor para darle un contexto a los lectores, para explicarles de dónde viene lo que están leyendo. Esta propuesta, claramente atractiva, exige repensar cómo se organiza la industria de la información.
Hay ciertas prácticas propias de la naturaleza del periodismo que provocan que se informe incorrectamente. Una de ellas es que las noticias se enfocan en los sucesos, y una de las fuentes de las falacias lógicas es que basamos nuestras estimaciones de riesgo, probabilidad y peligro en los eventos que tenemos en la memoria, en esos que vemos en las noticias y suponemos que son comunes. En una sociedad tecnológicamente avanzada deberíamos basarnos en los datos, no en las anécdotas. Ahora bien, una web de noticias es un proveedor de anécdotas, por lo que está casi garantizado que la gente va a recibir una impresión errónea de la realidad.
«En una sociedad tecnológicamente avanzada deberíamos basarnos en los datos, no en las anécdotas»
Tanto es así que hechos como los tiroteos en las escuelas, los accidentes de avión o de plantas nucleares tienden a hacernos pensar que nuestros hijos están en riesgo cuando van a la escuela, que los aviones son peligrosos y que la energía nuclear no es segura. Está claro que estos sucesos no deben ser censurados, pero debería haber un mayor esfuerzo para ponerlos en un contexto estadístico:
¿Cuál es la probabilidad de ser asesinado por un terrorista en una escuela? ¿A qué porcentaje de los homicidios anuales corresponde esta sangrienta historia sensacionalista sobre la cual estamos informando?
Por poner un ejemplo aún más explícito y que considero una absoluta negligencia periodística: cuando se aprobaron las vacunas contra la covid-19, hubo historias de personas que se contagiaron aun estando completamente vacunadas. Sin embargo, desde el principio ya sabíamos que la eficacia de las vacunas no era del 100%, así que esas historias no deberían haber sido noticia. ¿Por qué? Porque una historia como esa puede llevar a la impresión equivocada de que los casos excepcionales son comunes. Una forma de remediar esto sería presentar todo incidente excepcional en un contexto estadístico. Además, quizá habría que hacer un poco más de énfasis no en los incidentes, sino en las tendencias.
En tu obra exploras lo que denominas «el sesgo de mi lado»; es decir, la propensión que tenemos a adoptar las opiniones del grupo que nos apoya incluso cuando no nos genera ningún beneficio personal. ¿Cómo se puede contener o limitar este fenómeno?
Ese es uno de los grandes desafíos en las democracias modernas, porque es un ejemplo de razonamiento motivado; es decir, cuando diriges tu razonamiento hacia el lugar en el que quieres que termine en vez de dejar que la evidencia te conduzca. De los doscientos sesgos que los psicólogos cognitivos y sociales han enumerado, este es probablemente el más resistente y poderoso, porque se manifiesta independientemente de la inteligencia de la persona, y lo vemos tanto en la izquierda como en la derecha. Sinceramente, creo que no sabemos realmente cómo minimizarlo. Lo que sí sabemos es que, si, por ejemplo, tienes una propuesta política –como una ley para el control de armas– y le dices a la gente que fue propuesta por un político conservador, los de la derecha tienden a decir «genial», mientras que los de la izquierda dicen que «nunca va a funcionar», y viceversa. Así que es importante no etiquetar problemáticas sociales como de izquierda o de derecha. Por ejemplo, fue un desastre que el cambio climático se identificara como un tema de izquierdas, ya que es un bien moral. En definitiva, deberíamos basar nuestras opiniones en la persuasión y no en la identidad o la lealtad.
«Fue un desastre que el cambio climático se identificara como un tema de izquierdas, ya que es un bien moral»
Sostienes que las personas pueden tener dos sistemas de creencia al mismo tiempo: una mentalidad realista y una mentalidad a la que llamas mitológica.
Es una distinción que ha existido en la psicología desde hace mucho tiempo. Yo la llamé la mentalidad de la realidad versus la mentalidad de la mitología. La primera es la que aplicas a tu vida tangible y física. Incluso los chiflados que apoyan las teorías de conspiración, que creen en fantasmas y espíritus, y en el poder de la curación a través de piedras, visten y alimentan a sus hijos y los llevan a la escuela. Esas personas no están alucinando ni están fuera de contacto con la realidad. Sin embargo, la cosa cambia cuando son cuestiones que no les afectan directamente, como «¿qué ocurre realmente en la Casa Blanca?», «¿cuál es el origen del universo?” o «¿por qué le pasan cosas malas a la gente buena?». Cuando se trata de asuntos cósmicos que están fuera del ámbito de la experiencia inmediata la gente suele conformarse con creencias estimulantes, que empoderan, que son entretenidas; que sean verdaderas o falsas se considera como algo pedante y quisquilloso. Así, si alguien dice que Hillary Clinton lidera una red de explotación sexual infantil, no significa que lo crea de la misma manera que cree, por ejemplo, que hay leche en su frigorífico. Más bien es una forma de abuchear a Hillary Clinton, de expresar una convicción moral, y esa es una mentalidad a la que todos podemos ser susceptibles. El motivo es que hasta hace poco no teníamos los medios necesarios para responder a esas grandes preguntas cósmicas. Sin embargo, ahora tenemos archivos históricos, bases de datos del gobierno y ciencia, y podemos establecer lo que es cierto y lo que no. Creo que todas nuestras creencias deben estar en el ámbito de la realidad y no en el de la mitología, pero no es una mentalidad universal.


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Me olvidé de mí

Fui una joven hermosa como todas a los 18  años, cuando decidí irme con mi esposo, me enamoré y formé mi hogar.
Educada con las viejas costumbres, me dediqué  a mi pareja y a criar a mis hijos, me entregué plenamente con todo el amor de mujer y madre.
Dejé de pensar en mí para atender ese gran compromiso religioso y social, complaciendo y atendiendo todo.  Ahí empecé a olvidarme de mi.
Si, me olvidé de mí, por cuidar a mis hijos, por educarlos,  atenderlos en  sus necesidades,  ellos  me necesitaban para su formación y me hice una excelente madre. Era mi responsabilidad como madre, quería criar seres humanos valiosos.
Y me olvidé de mí, ¿engañar a mi esposo? Jamás, yo ya le pertenecía y eso no es de una buena mujer cristiana y bien educada.
Me olvidé de mí, durante muchos años, tal vez, décadas sin darme cuenta, mi mente y mi cuerpo me pasaron la factura, un accidente que fracturó mí pierna y  mi subconsciente generandome crisis de ansiedad y pánico, me indicaba que algo no estaba bien, sin embargo no oí a mi cuerpo y abandoné aquello que me daba un poco de independencia.
Seguí olvidándome de mí, cuando los hijos  crecieron me convertí en su criada, me  dediqué a hacerles sus necesidades: cuidando a los nietos y haciendo comidas, acompañados  de gritos y maltratos por aquellos a los que  dí tanto amor. Yo no era nada para ellos.
Me olvidé de mí y mi pareja hoy quiere emprender su viaje, porque él ya cumplió  sus obligaciones con los hijos, ya no tiene compromisos,  su compromiso de padre él ya lo terminó.
Me olvidé de mí y no me di cuenta que ya no tenía pareja, él hace muchos años ya me había abandonado, su infidelidad y sus nuevos hijos era suficiente argumento para que yo pusiera los pies en la tierra y sin embargo me salía más barato seguir engañándome a mí misma.
Ahora, sola, a la puerta de la tercera edad y llena de enfermedades, que en su gran mayoría vienen de mi mente, volteo hacia  atrás y veo mi vida, fui esposa y madre antes de ser mujer, me olvidé que yo era importante ante que todo y  todos, debí darme cuenta, pero no fue así.
Si te pudiera dar un consejo a ti mujer,  dedicada a tu esposo y a tus hijos, sería ése, no te olvides de ser mujer, no te olvides de ti.
Sé independiente y trabaja para que no dependas de nadie.
Suelta todo, aún estás a tiempo, empieza a vivir, viaja,  reúnete con tus amigas.
No dejes que la vida te quite tus mejores años,  recuerda que solo te tienes a ti.
Y dejé de escribir, me vi en el espejo y con un nudo en la garganta, lloré y lloré…la abracé  y le pedí perdón por el abandono.
Créditos a quien corresponde

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¡Ebrio siempre!

“Deberíamos estar siempre ebrios. Eso es todo. No hay otro dilema. Para no sentir la terrible carga del Tiempo que nos destroza la espalda hasta hacernos besar el suelo, es necesario embriagarnos sin tregua.
¿De qué?
¡De vino, de poesía, de virtud! ¡De lo que quieras! ¡Pero embriágate!
Y si en cualquier momento, en la escalera de un palacio, sobre la hierba fresca o en la soledad cerrada de tu habitación te das cuenta de pronto que la embriaguez cede o está por disiparse, pregunta al viento, a las olas, a la estrella, a las aves, al reloj, a todo aquello que huye, a todo aquello que gime, todo lo que gira, lo que canta, lo que habla: pregunta a todos qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, las aves, el reloj, te responderán ¡Es hora de embriagarse! Para dejar de ser esclavos martirizados del Tiempo, ¡Embriágate! ¡Embriágate sin cesar! De vino, de poesía, de virtud… de lo que quieras”.
-Charles Baudelaire.
“The spleen the paris”.

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Fábula del pendejo

SIN OFENDER (Lo comparto con mucho respeto)
Por fin encontré esta fábula y se las comparto, se las dejo tal cual la encontré.
LA FÁBULA DEL PENDEJO
Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertía con el pendejo del pueblo, un pobre infeliz, de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y de limosnas. Diariamente, algunos hombres llamaban al pendejo al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 400 reales y otra de menor tamaño, pero de 2000 reales. Él siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.
Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y este le respondió:
—Lo sé, no soy tan pendejo. Ella vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar más mi moneda.
Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:
La primera: quien parece pendejo, no siempre lo es.
La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos pendejos de la historia?
La tercera: una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.
Pero la conclusión más interesante es:
Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo. El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser pendejo delante de un pendejo que aparenta ser inteligente.

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Hipatia

LA ÚLTIMA FILOSOFA GRIEGA!!
En el año 415 se apagó bruscamente la estrella de la matemática, astrónoma y filósofa pagana Hipatia de Alejandría.
En el mes de marzo del año 415, en plena Cuaresma, un crimen sacudió la ciudad de Alejandría: una muchedumbre vociferante atacó a la respetada y sabia Hipatia, la mató y se ensañó con sus restos. Los asesinos formaban parte de «una multitud de creyentes en Dios», que «buscaron a la mujer pagana que había entretenido a la gente de la ciudad y al prefecto con sus encantamientos». Así habla de la filósofa –como de una bruja– la crónica de Juan, obispo de Nikiu, una diócesis del delta del Nilo. Escrita casi tres siglos después del asesinato de Hipatia, es el texto que ofrece más detalles sobre su muerte, y también muestra una clara animadversión hacia la estudiosa, cuyas hechicerías habrían justificado su atroz final. Pero ¿Quién fue en realidad Hipatia y por qué murió?
Para responder esta pregunta debemos trasladarnos a la Alejandría de comienzos del siglo V. Por entonces, la espléndida metrópoli fundada por Alejandro Magno, famosa por su Museo (un extraordinario centro científico), su enorme Biblioteca y sus grandes templos, aún mantenía una considerable población y era la capital de Egipto. Como ciudad del Imperio romano de Oriente, la gobernaba un prefecto enviado por el emperador de Constantinopla; pero, de modo no oficial, gran parte de su gente obedecía los dictados de su obispo y patriarca, quien velaba por la fe y la ortodoxia de la comunidad cristiana. Desde que el emperador Teodosio I había proclamado el cristianismo como religión única del Imperio, el poder eclesiástico se había instalado en las ciudades e iba asfixiando los reductos del paganismo. Y actuaba con una intolerancia feroz, no sólo contra los adeptos a los antiguos cultos, sino contra los disidentes de todo tipo, ya fueran herejes o judíos, muy numerosos en Alejandría. En esta ciudad, tanto el clero como los monjes de los desiertos vecinos y los llamados parabolanos –unos servidores de la Iglesia que también actuaban como sus guardias– seguían los dictados del obispo, y en momentos de conflicto no vacilaban en promover violentos disturbios para demostrar su fuerza, destruir los templos de los infieles y acallar sus voces.
Fue así como, instigados por el obispo Teófilo, estos fanáticos causaron grandes destrozos en diversos santuarios paganos, y en el año 391 saquearon e incendiaron el famoso Serapeo y su espléndida biblioteca. El templo de Serapis, un emblema glorioso de la ciudad durante siglos, fue convertido en iglesia cristiana, al igual que el Cesareo, un antiguo  templo dedicado al culto del emperador. Quienes se negaban a convertirse a la fe dominante sufrían el asedio cristiano. Resultaban vanos sus intentos de apelar en su socorro a la corte imperial de Constantinopla, carcomida por las intrigas e impotente para frenar los tumultos de la masa fanática.
En este contexto se sitúa el martirio de Hipatia. Su muerte resonó como una campanada fúnebre en el ocaso de Alejandría, el antiguo centro de la ciencia, la cultura y el arte helenísticos. Tanto los truculentos detalles del crimen como la manifiesta impunidad de los asesinos han hecho de la muerte de Hipatia un escándalo histórico memorable. Los testimonios conservados sobre la figura de Hipatia y su siniestro final proceden de dos historiadores eclesiásticos, Filostorgio y Sócrates el Escolástico, que escribieron unos veinte años después del crimen y no ocultan su reprobación ante lo espantoso de aquel acto fanático.
También del neoplatónico Damascio de Damasco, que escribió medio siglo más tarde, recogiendo ecos y datos de tan escandaloso suceso, y del obispo Juan de Nikiu, mucho más tardío.
¿Quién es Hipatia?
Todos coinciden en destacar que Hipatia sobresalió como estudiosa de las ciencias y la filosofía, materias a las que se dedicó desde joven. Era hija de Teón, un ilustre matemático del Museo y astrónomo notable. Hipatia, pues, era una digna heredera de la gran tradición científica del Museo, pero a la vez se convirtió en una renombrada profesora que daba lecciones públicas sobre las ideas de Platón, y seguramente de Aristóteles, atrayendo numeroso público.
Esto lo sabemos también por las cartas muy afectuosas que escribió uno de sus más fieles discípulos, Sinesio de Cirene. En algunas pide consejo a su «queridísima maestra», y en otras habla de ella a sus amigos con afecto y admiración. Incluso se promete a sí mismo que recordará a Hipatia en el Hades, esto es, en el Más Allá.
Hipatia, pues, formaba parte de la élite pagana fiel a sus antiguas ideas y creencias, y velaba por el legado clásico en un ambiente que se iba volviendo más y más hostil hacia la herencia ilustrada del helenismo.
Respecto del saber de Hipatia, Sócrates el Escolástico escribe: «Llegó a tal grado de cultura que superó a todos los filósofos contemporáneos, heredó la escuela platónica que había sido renovada en tiempos de Plotino, y explicaba todas las ciencias filosóficas a quienes lo deseaban.
Por eso quienes deseaban pensar de modo filosófico acudían hacia ella de todas partes». Es interesante esa mención de que «heredó la escuela», es decir, la enseñanza de la doctrina platónica renovada por el filósofo Plotino, que nosotros conocemos como neoplatonismo. Por otra parte, tanto Filostorgio como Damascio señalan que Hipatia aventajó a su padre en saber, en astronomía y en su dedicación a la filosofía. Dice Filostorgio: «Aprendió de su padre las ciencias matemáticas, pero resultó mucho mejor que el maestro, sobre todo en el arte de la observación de los astros».
Y Damascio: «De naturaleza más noble que su padre, no se contentó con el saber que viene a través de las ciencias matemáticas a las que él la había introducido, sino que, no sin altura de espíritu, se dedicó también a las otras enseñanzas filosóficas». Es decir, Hipatia siguió las enseñanzas del padre matemático, pero fue más allá en sus estudios de los movimientos de los astros y, sobre todo, al ampliar el horizonte de sus investigaciones desde la ciencia hacia la filosofía. Eso la hizo famosa y atrajo hacia ella a muchos oyentes y discípulos.
Hipatia, pues, era una figura extraordinaria: mujer, pagana y sabia, influyente y con numerosos discípulos, muy admirada en la ciudad. Todo esto hizo que su eliminación por parte de cristianos fanáticos tuviera un carácter ejemplar.
UN MÓVIL
El siniestro suceso ocurrió en el año 415, y fue oscuramente instigado por el obispo Cirilo, sucesor y sobrino de aquel patriarca Teófilo que había impulsado a las masas devotas a destruir el Serapeo. Como su tío, Cirilo era un patriarca con mucho poder, intrigante y taimado. Sin embargo, tras su muerte no tardaría en ser santificado por sus servicios y méritos. No sabemos bien qué desencadenó la furia de Cirilo contra Hipatia, quien ni siquiera era una intelectual combativa y hostil al cristianismo. De hecho, tenía discípulos cristianos como aquel Sinesio que le escribió tantas cartas y que llegó a ser obispo de Tolemaida. Damascio ofrece una acusación clara contra el patriarca y explica las causas de su hostilidad hacia la filósofa: «Ocurrió un día que Cirilo, obispo del grupo opuesto, pasaba por delante de casa de Hipatia y vio una gran multitud de gente y de caballos a su puerta. Había quienes llegaban, quienes se marchaban y quienes esperaban. Cuando Cirilo preguntó por el significado de aquella reunión y los motivos del revuelo, sus criados le explicaron que era la casa de la filósofa Hipatia y que ella estaba saludándoles. Cuando Cirilo oyó esto le entró tal ataque de envidia que inmediatamente empezó a conspirar su asesinato de la manera más detestable». La envidia, pues, habría sido el desencadenante de los hechos.
Pero queda otro motivo que pudo influir en la inquina del obispo: las buenas relaciones de Hipatia con Orestes, el prefecto de la ciudad, que años antes había sido objeto de otro ataque callejero de los mismos fanáticos, uno de los cuales lo había herido en la cabeza con una piedra. El agresor, un monje llamado Amonio, fue sometido a tortura y falleció, tras lo cual Cirilo depositó sus restos en una iglesia y le rindió el culto que se daba a los mártires. Las relaciones entre el poder eclesiástico y el poder civil se habían tensado hasta el extremo, e Hipatia reunía la doble condición de pagana y próxima a Orestes, lo que no podía menos que concitar el odio del patriarca. Cuando Damascio califica a Cirilo de «obispo del grupo opuesto» quizá tenga en mente a quienes se enfrentaban a él, con Orestes e Hipatia como cabezas visibles.
EL ASESINATO
La filósofa murió durante el cuarto año del obispado de Cirilo. Una turba de monjes venidos de los yermos próximos o de parabolanos rodeó en pleno día a Hipatia en la misma puerta de su casa. La arrastraron a golpes hasta el interior de una iglesia, y allí la desnudaron y la descuartizaron, desgarrando sus carnes con conchas y tejas, y después de muerta quemaron sus restos en una hoguera para borrar su recuerdo. La brutal escena semejaba un sacrificio humano en un ritual de inaudita ferocidad, como si inmolaran una víctima a un dios bárbaro. Anotemos de paso que, ya que era una famosa profesora unos veinte años antes, Hipatia no murió tan joven como creían algunos pintores románticos, imaginándola como una bellísima muchacha desnuda y sacrificada en un altar por los furiosos monjes. Debía tener cincuenta años o más cuando fue tan cruelmente asesinada.
PARA SABER MÁS

  • Hipatia de Alejandría. Maria Dzielska. Siruela, Madrid, 2009.
  • Hipatia. Clelia Martínez Maza. La Esfera, Madrid, 2009.
  • Filosofía y ciencia en Hipatia. Pedro Jesús Teruel. Gredos, Madrid, 2011.
  • Hipatia de Alejandría. Charles Kingsley. Edhasa, Barcelona, 2009.


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Así habló Zaratustra, por Friedrich Nietzsche

“Dios está muerto”. Con esta frase, Nietzsche despojó al hombre moderno de la ilusión de la existencia de un ser superior que le da sentido al mundo. Ahora, el sentido debe crearlo el hombre por sí mismo. Si bien Nietzsche había coqueteado durante mucho tiempo con el nihilismo, es decir, con la idea de que no es posible ni necesario encontrar el sentido de la vida, en Así habló Zaratustra presenta por primera vez una obra capaz de brindar una orientación integral. Nietzche hace que el ermitaño Zaratustra (llamado así por un profeta persa) descienda de su montaña para anunciar sus enseñanzas a los hombres. Y transmite órdenes claras: no creas sin cuestionar, piensa por ti mismo, encuentra tu propio camino, no me sigas. En el centro está la idea del superhombre, al que todos pueden usar como referencia para superar la mediocridad, la credulidad y la moral barata, para crecer sobre la propia sombra, crear nuevos valores e, incluso, un nuevo mundo. El superhombre reemplaza a Dios en el objetivo de los esfuerzos humanos. Las palabras de Zaratustra son, por lo general, aforismos hímnicos, con formas expresivas, líricas. Aborda muchos temas relativos al sujeto moderno: el Estado, el matrimonio y la amistad, entre otros aspectos. El texto es, al mismo tiempo, poesía y filosofía. En la actualidad, es considerada la obra maestra de Nietzsche, en la que sus ideas alcanzan su momento cúlmine, aunque también se considera como el ocaso del filósofo, que más tarde perdería sus facultades mentales.

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El discurso del método, por René Descartes

El Discurso del método para dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias (tal es su título completo) no es solamente la obra fundamental del filósofo francés René Descartes; ha sido juzgada además como el hito que marca el final de la escolástica y el inicio de la filosofía moderna. El Discurso del método fue publicado anónimamente por primera vez en Leiden en 1637; en aquella primera edición venía a ser el prólogo de los tres tratados científicos contenidos en el libro (La dióptricaLos meteoros y La geometría), y, de hecho, no se publicó de forma independiente de los tratados hasta el siglo XIX.

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Ética a Nicómaco, por Aristóteles

Esta obra es uno de los primeros textos de ética que se conservan en Occidente y tiene un objetivo eminentemente práctico. En ella, Aristóteles no trata de definir el Bien Absoluto, sino que indaga sobre cómo es la vida buena, cómo deben vivir los hombres. El escrito está dividido en diez libros (originariamente pergaminos) que se subdividen en capítulos. Sus aportes más fundamentales son su estudio sobre la felicidad y su ética de las virtudes.

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El Banquete, por Platón

De esta forma, la obra de Platón nos introduce en una de las prácticas más comunes dentro de la aristocracia griega para hablarnos de Eros, el cual se erige como tema central del debate protagonizado por siete comensales (Sócrates, Aristófanes, Alcibíades, Pausanias, Eriximaco, Agatón y Fedro) que nos dan su opinión personal sobre el amor y en el que se van rebatiendo unos a otros.
Así, la obra comienza con la llegada al banquete (organizado por Agatón) de los invitados y el debate se inicia cuando Eriximarco (moderador) propone que cada uno de los asistentes, embriagados por el alcohol, haga un elogio/alabanza al amor:

“…. Pienso, por tanto, que cada uno de nosotros debe decir un discurso, de izquierda a derecha, lo más hermoso que pueda como elogio de Eros y que empiece primero Fedro, ya que también está situado el primero y es, a la vez, el padre de la idea…”


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Tao Te Ching, por Lao Tsé

El Tao Te Ching, tradicionalmente atribuido a Lao-Tse, es una antología de proverbios y contemplaciones breves sobre el Tao, el Camino. Considerado el texto clásico del taoísmo, expone en imágenes poéticas y precisos aforismos las bases del más importante sistema filosófico y religioso chino.
Casi tan traducido como la Biblia, esta obra ha sido y sigue siendo un libro inspiracional para millones de personas en todo el mundo que han encontrado en su lectura múltiples respuestas. El Tao es, por derecho propio, un libro universal, profundo poético y enigmático que se lee, relee y trabaja durante toda la vida, y que revela un sentido de la vida más profundo, sabio y exacto que cualquier otro libro que hasta hoy se haya escrito.

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